Aportes para redescubrir a Evita en su voz, su vida y su obra

Por María Sofía Vassallo*

En este momento crucial de la historia argentina, de Nuestra América y del mundo agradezco la invitación a participar de este espacio de reflexión, encuentro y homenaje organizado por la Juventud Universitaria Peronista. 

Las voces de Perón y Evita habitan mis recuerdos infantiles. Yo nací en 1970, así que alcancé a ver a Perón por televisión y a escucharlo por radio, cuando era muy chiquita. Además, en mi casa sonaban los discursos de Perón y de Evita reproducidos en el Winco, el tocadiscos en el que giraban los vinilos y, más tarde, en infinidad de casets.  Me intrigaba el misterioso poder de esas voces que enamoraban a multitudes y desataban pasiones e incluso guerras familiares y conyugales. El 1° de julio de 1974, llegué del jardín y, por primera vez, vi llorar a mi papá. Perón había muerto y el dolor parecía infinito. Se había muerto, pero estaba presente en todos lados. En las vacaciones familiares, recorríamos la Argentina y mi papá nos mostraba, a mis hermanos y a mí, su obra en cada rincón.

Con los años, la curiosidad por descifrar el enigma del poder de esas voces y la extraordinaria originalidad del peronismo como movimiento político orientó mi trabajo y motivó muchas de mis investigaciones. Cuando a fines de la década del 90, en la Maestría en Análisis del Discurso de la Universidad de Buenos Aires empecé a estudiar la discursividad peronista, algunos colegas trataron de persuadirme acerca de la necesidad de investigar cuestiones menos “atávicas” y “anacrónicas” argumentando que ya mucho se había escrito, discutido y concluido sobre la palabra de Perón y de Evita. Con el apoyo y la orientación permanente de mi directora de tesis, primero de maestría y después del doctorado en Ciencias Sociales de la UBA, Elvira Arnoux perseveré en la tarea y, a medida que avanzaba en la investigación, encontraba zonas poco exploradas, dimensiones que no habían sido tomadas en cuenta en los más reconocidos análisis del discurso peronista existentes. 

A pesar de la relevancia que ha tenido la acción popular en la historia argentina, muchas veces ha sido negada, relativizada o ignorada. Y esto es particularmente así en muchos análisis del discurso peronista. Por eso estudié en profundidad un modo de comunicación política singular, los diálogos masivos de los líderes con sus seguidores en la calle y en la plaza, en momentos cruciales de lo que se llama el primer peronismo (el período comprendido entre 1945 y 1955). Puse el oído y la mirada atenta no sólo a los discursos de los líderes, sino también y, fundamentalmente, a las diversas formas de expresión de los argentinos que participan activamente en estas interacciones con los líderes, capaces de pelearles el turno, de imponerles temas, de hacerles cambiar de posición, de exigir respuestas, de adueñarse de la plaza y del centro de la ciudad que les eran ajenos. Es decir, no van a la plaza simplemente a vivar, aplaudir y a convalidar, como sostienen algunos de los más reconocidos analistas. Se manifiestan con identidad, voluntad y voz propia. Los sujetos populares que dialogan con Perón y Eva Perón están dotados de una amplia y original racionalidad que se expresa en la defensa de Perón y Evita y de su gobierno, en la reivindicación de una identidad colectiva y también en el modo de manifestar esas reivindicaciones con gritos, cantos, consignas, pintadas, pancartas, carteles, afiches, banderas, instrumentos, vestimentas, objetos diversos, que es apasionado, creativo, desfachatado, intransigente y obstinado. Estos trabajadores argentinos no se ajustan a las representaciones canónicas de la clase obrera. El peronismo no nace en las fábricas sino en la calle y en la plaza, la de la participación política, la feria y la fiesta, la de la cultura popular. Ese origen determina la singularidad del movimiento peronista y lo diferencia de otros movimientos de masas obreras. 

Frente al odio exacerbado, a la insistente cantinela de que “la culpa de todo la tuvo Perón” y que el peronismo es el responsable de todos los males de pasado y del presente, por un lado y, por el otro, frente a los que, en nombre del peronismo, asumen una agenda global que apunta a la fragmentación social para minar el poder de las naciones, profundizar la dominación colonial y avanzar con la expoliación de nuestros recursos, es muy oportuna esta invitación a que rememoraremos y conmemoraremos, es decir, a que recordamos juntos a Evita, la Evita histórica, no la que algunos se arman a su gusto y según la necesidad política del momento. En las vísperas de un nuevo aniversario de su partida de este mundo, les vengo a proponer un ejercicio incómodo, a animarse a cuestionar y a poner en duda a las Evitas construidas para la ocasión y dejarnos interpelar por lo que ella nos dice con su palabra, con su vida y con su obra. Los invito ahora a que recordemos Evita, la líder histórica del peronismo y, a partir de este acto de memoria, también a preguntarnos qué hacemos nosotros, cada uno de nosotros, para honrar, preservar y multiplicar su legado, para escuchar, amar y defender a quienes ella escuchó, amó y defendió y por quienes entregó su vida, cómo la palabra, la vida y la obra de Evita orientan nuestras luchas del presente. 

Les propongo que repasemos juntos el extraordinario y vertiginoso proceso mediante el cual Eva Duarte se convierte en Evita, líder popular. Hasta 1944, Eva Duarte es públicamente conocida por su desempeño como modelo publicitaria y actriz de radio, teatro y cine. En enero de ese año ocurre el terremoto de San Juan, la ciudad queda totalmente destruida, es la mayor catástrofe natural de la historia argentina.  En la campaña por la reconstrucción, Juan Domingo Perón, por ese entonces, Secretario de Trabajo y Previsión, adquiere un marcado protagonismo que lo vuelve una figura pública reconocida en todos los rincones del país. En el marco de las acciones de solidaridad con San Juan, Eva (de veinticuatro años) conoce a Perón (de cuarenta y ocho) forman pareja. El encuentro y la relación con Perón funcionan como punto de inflexión que marca su progresiva constitución en líder popular, una conversión rápida y excepcional.

La experiencia de Eva como actriz de radio constituye es fundamental en este proceso. En octubre de 1943, Eva había comenzado a trabajar en el ciclo “Las mujeres de la historia” por Radio Belgrano. La primera obra del ciclo es “La Amazona del Destino”, vida de La Delfina, heroica compañera del caudillo entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez. En 1944, Eva tiene tres audiciones: por la mañana, “Hacia un futuro mejor”, por la tarde, un ciclo de novelas de corte policial o fantástico y a la noche “Las mujeres de la historia”. En “Hacia un futuro mejor”, representaba a una mujer del pueblo que convocaba a los argentinos a apoyar la revolución del 4 de junio y al coronel Perón y su obra en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde sus comienzos al frente de esa repartición pública, el coronel Perón se vale de todos los medios masivos a su alcance (la radio, el cine y los diarios) para la difusión de su obra. En febrero, Perón y Mercante visitan a Eva en su programa y Perón habla de la función social del radioteatro. Con un grupo de trabajadores de radio, Eva funda la Agrupación Radial Argentina (una organización gremial de los artistas del medio) y se convierte en su presidenta. 

La radio tiene una relevancia fundamental en la época. Marca los ritmos de la vida familiar. Para el peronismo, es el medio en que Eva empieza a ser reconocida como actriz. El discurso político de Evita está fuertemente marcado por el radioteatro. En esa época, tiene una importancia comparable a la actual telenovela y a las series. Seduce a un público muy amplio. El modo de producción del radioteatro, heredero de otros géneros como el circo criollo, supone una estrecha interacción con la audiencia (presente en los estudios de radio durante las transmisiones, por correspondencia, por carta o durante las giras de los elencos por el interior del país). Entre el autor y el público se establecía un contacto que confirmaba determinados elementos de la historia o introducía sustanciales modificaciones.

En la radio Eva relata e interpreta la vida de las grandes mujeres de la historia y ensaya la suya propia.  Y sus oyentes comienzan a identificar su voz con las de esas heroínas. Los obreros con los que dialogará en la plaza y en la calle han sido antes sus oyentes radiales. El peronismo, desde sus orígenes, aparece constitutivamente vinculado a la cultura popular, al melodrama y a los medios. No es un dato menor que la primera transmisión pública de la televisión argentina fue el acto del Día de la Lealtad de 1951 (el último 17 de octubre de Evita). 

Cuando llega a Buenos Aires desde su Junín natal, en su primer viaje iniciático, con apenas quince años, Eva encuentra una primera forma de fraternidad entre extras, utileros, dobles, apuntadores, modistos, peluqueras, manicuras, trabajadores pobres del cine, el teatro y la radio que, en aquellos años ni siquiera tienen una organización gremial que los proteja, por lo tanto, la solidaridad entre ellos es su único refugio. Como muchos de los obreros que años después se convierten en sus seguidores incondicionales, Eva Duarte sufre el desarraigo del campo donde nació en la ciudad que le es hostil y a la cual debe adaptarse. En este destino común se reconocen y se identifican. En la vida de Evita, como en la matriz del melodrama está presente también la lucha por el reconocimiento de una identidad negada. Recordemos que, tanto Perón como Eva Perón, son hijos de madre soltera, nacidos en pequeñas localidades rurales del interior de la provincia de Buenos Aires, ambos de ascendencia aborigen atributos muy mal vistos por la oposición, que es preciso ocultar. Evita no terminó la escuela primaria. A pesar de ocupar la posición de mayor poder político ambos se ven obligados a fraguar la documentación sobre sus orígenes. Desde las más altas esferas del estado, se producen procesos de reinscripción apócrifa de los nombres y nacimientos de Eva y Juan Perón en sus biografías. 

En la campaña electoral para las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946, Eva acompaña a Perón en sus cinco giras por el interior del país. Esta participación es una novedad en la historia política argentina. En aquel momento las mujeres carecen de derechos políticos (excepto en San Juan) y las esposas de los candidatos tenían una presencia pública muy restringida. Eva es la primera esposa de un candidato presidencial argentino en estar presente durante su campaña electoral y acompañarlo en sus viajes por el país. Así es que vuelve a recorrer ciudades del interior que había visitado antes en sus giras como actriz. El tren para en las estaciones y Eva saluda y sonríe, recibe y agradece las flores y regalos que la gente le ofrece. 

Otro rasgo distintivo de esta campaña presidencial es la participación activa de las mujeres en organizaciones que respaldan a los candidatos, tanto a Perón como a los de la Unión Democrática que reunía a todos los partidos de la oposición (desde el radicalismo hasta el comunismo). El 8 de febrero de 1946, pocos días antes de finalizar la campaña, el Centro Universitario Argentino, la Cruzada de la Mujer Argentina y la Secretaría General Estudiantil organizan el primer acto femenino masivo a favor de Perón en el estadio Luna Park. Exhibe la convergencia de las mujeres universitarias junto a las mujeres trabajadorasen el apoyo a Perón. En su calidad de esposa del candidato, el acto es presidido por “doña María Eva Duarte de Perón” (como es nombrada en las celebraciones oficiales). La presencia de Perón había sido anunciada y, durante dos horas, las asistentes esperan su llegada con impaciencia. Eva toma la palabra y explica que Perón no puede asistir por tener que recuperarse de una dolencia leve antes de emprender un viaje a Rosario. Es la primera vez que habla en un acto político. La oportunidad resulta frustrada porque el público (unas veinticinco mil personas) reclama airadamente la presencia de Perón e impide que pueda pronunciar su discurso. En ese mismo lugar (el Luna Park) Eva había conocido a Perón dos años antes. La esposa del candidato intenta leer infructuosamente el mensaje. El ensordecedor reclamo “¡queremos a Perón!” no la deja continuar. El desorden se recrudece y el grito se reformula: “¡exigimos a Perón!”. Al día siguiente diarios opositores señalan que, al finalizar el acto, la multitud de mujeres tuvo que ser dispersada por la policía. 

Tras la victoria electoral y la asunción de Perón a la presidencia, Eva (de apenas veintisiete años) asume un rol activo diferente a la tradición de las primeras damas que la preceden. Acompaña a su esposo, reparte ropa y alimentos entre la población más pobre del país. Se ocupa de atender a quienes requieren entrevista con Perón. Habla de un modo llano y sencillo. Cuando se enoja, insulta, grita y usa palabras consideradas impropias. Tutea a todos, en una época en que esto incomoda a unos cuantos. Este es un período de mucho aprendizaje en el que se apoya en personas que puedan ayudarla en sus nuevas tareas. Rápidamente se difunde la eficacia de Eva en resolver los problemas que la gente le plantea, que no son sólo laborales o económicos, sino incluso personales. Así como la obra de la Secretaría de Trabajo y Previsión fue el sustento principal de la credibilidad de la palabra de Perón, la credibilidad de la palabra de Evita se funda en la autenticidad de compromiso que promete realizado cotidianamente por sus eficaces acciones desde su oficina en el Ministerio de Trabajo. Eva es la intermediaria entre los trabajadores y Perón. Transmite a Perón las necesidades del pueblo y al pueblo la voluntad de Perón. Eva recibe a los obreros, oficia de intermediaria para la obtención de servicios sociales o reivindicaciones, visita fábricas y lugares de trabajo y, también, en ocasiones, participa en las negociaciones de los convenios colectivos de trabajo. Cuando Perón no puede, va ella a los actos de la CGT o los sindicatos y habla en su nombre. Todos los miércoles acompaña a la cúpula de la CGT a casa de gobierno a la reunión semanal con el presidente. Y, a partir de 1948, habla junto a Perón en las más grandes celebraciones del peronismo que son los actos del 1º de mayo y del 17 de octubre.

En 1947, realiza su segundo viaje iniciático, una gira oficial por varios países de Europa, en la que se entrevista con presidentes e, incluso, con el Papa Pío XII. Es recibida por multitudes. Al regreso de ese viaje, ya está lista para ser aclamada por su pueblo.

En 1948, nace formalmente la “Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón”. Además de la ayuda directa, la fundación construye escuelas, hogares-escuela, hogares de tránsito y hogares de ancianos, policlínicos y hospitales, colonias de vacaciones, hoteles, la Ciudad Infantil, la Ciudad Estudiantil, la República de los Niños, barrios como Ciudad Evita, crea la Escuela de Enfermeras y patrocina campeonatos y encuentros deportivos para asistir y proteger a los argentinos desde la concepción hasta su muerte natural. 

En 1949, organiza el Partido Peronista Femenino (PPF) bajo su férreo mando, la organización política de mujeres más grande del mundo en su época. Recordemos que, en 1947, se había aprobado la ley del voto femenino y que, en las elecciones presidenciales de 1951, las mujeres argentinas votarían por primera vez. 

Estas dos instituciones, la Fundación Evita y el PPF son los pilares fundamentales del crecimiento del poder político de Eva Perón. Es cada vez mayor el entusiasmo que provoca su presencia (sola o acompañada por Perón) en sus viajes por el interior del país. En algunas localidades, el tren debe reducir la velocidad por la cantidad de personas que se amontonan al costado de la vía, para verla pasar. Durante 1949 se le manifiesta el cáncer y empieza a ponerle límites a su afiebrado ritmo de trabajo. Cuando comienza a difundirse la noticia de la enfermedad de Evita y a medida que se recrudecen los síntomas y se manifiesta su gravedad, se multiplican las cadenas de oración, las misas, las peregrinaciones y las vigilias populares para pedir por su salud. Se descuelga su retrato de la pared y se lo pone en el altar popular. 

En el culto patriótico, el humilde que muere por la Patria adquiere un lugar como mártir y como héroe. Así es con Evita, entrega su vida por los humildes, por Perón y se convierte en una heroína como las que ella misma había representado en el ciclo de Radio Belgrano dedicado a biografías de grandes mujeres de la historia. Sus funerales constituyen una ceremonia masiva de carácter extraordinario que suspende el curso normal de la vida argentina. El gobierno decreta duelo nacional y se le rinden honores de jefe de estado. El funeral se extiende mucho más de lo previsto, inicialmente se piensa en dos días; pero se inicia el 27 de julio y culmina el 10 de agosto. Cientos de miles de personas desfilan ante su féretro con tapa de cristal y lloran su muerte. Van a darle el último adiós y también a presentarle sus necesidades, angustias y deseos a quien, para muchos, pasa de ser la mediadora entre el pueblo y Perón, a convertirse en la intercesora entre ellos y Dios.

Se desencadenan en simultáneo dos tipos de acciones en relación a los dos cuerpos de Eva, el político y el natural: la popular multiplicación de su efigie como objeto de culto y el oficial embalsamamiento del cuerpo para borrar en él las marcas de la humana vulnerabilidad. La efigie de Evita se convierte en objeto de culto religioso, con atributos místicos y milagrosos que habita altares populares, adoratorios en distintos lugares del país. El cuerpo político de la Evita santa, consagrado por el culto popular, multiplicado en las efigies, comparte atributos con los de otras mujeres fundamentales del santoral de la Iglesia Católica: la Virgen María (la madre intercesora entre los hombres y Dios), Santa María Magdalena (la pecadora que se convierte al conocer a Jesús) y Santa Juana de Arco (la chica humilde de pueblo capaz de comandar ejércitos y enfrentar a los británicos en defensa de su fé y su nación). El cuerpo de Eva es embalsamado y mantenido en exposición en la CGT. Mediante el proceso de embalsamamiento se intenta neutralizar el efecto de la muerte sobre el cuerpo natural y mantener viva la memoria. Por eso es tan importante para los golpistas de 1955 hacer desaparecer ese cuerpo natural embalsamado, que permanece desaparecido durante catorce años. Hay que hacer desaparecer el cuerpo embalsamado y también la infinidad de efigies, como conjuro, para que, con ellos, desaparezca el peronismo. El cuerpo desaparecido de Eva constituye un preanuncio macabro de los miles de desaparecidos que poco más de dos décadas después enlutarán la Argentina. También, en la disputa actual por la memoria de Evita, se producen imágenes en las que se niega y se hace desaparecer a la Evita histórica y se usan como emblemas de proyectos antagónicos al de la comunidad organizada peronista. 

El vertiginoso y extraordinario proceso de conversión de Eva Duarte, actriz mediática, en Evita, líder popular está fuertemente determinado por la búsqueda de la propia identidad en el diálogo con los otros. En sus comienzos, durante la campaña electoral, en febrero de 1946, Eva ni siquiera puede leer el mensaje ante la multitud intransigente de mujeres que exige enfervorizada la presencia de Perón. Al principio, Eva es la esposa de Perón; pero aún así no es reconocida como interlocutora legítima por los peronistas. A partir de la asunción de Perón a la presidencia, desarrolla diferentes modos de contacto directo cercano con argentinos humildes, no articulados en ninguna organización, así como también con los trabajadores sindicalizados y los miembros de la CGT y con las mujeres organizadas en el PPF. Es en ese marco de relaciones cercanas, cultivadas a diario con un trabajo intenso, fortalecidas por su eficacia para resolver los problemas que se le plantean, es como Eva Perón, aprende, crece, se transforma y comienza a ser reconocida como interlocutora legítima y como líder carismática junto a Perón. Primero es reconocida como la compañera de Perón y, finalmente, como “la compañera Evita”.  Este reconocimiento popular es consagrado en la proclamación de su candidatura a la vicepresidencia y manifestado vehemente y masivamente en el intenso diálogo producido entre Eva y sus seguidores en el Cabildo Abierto del Justicialismo, el 22 de agosto de 1951, en el que se considera el acto más multitudinario de la historia argentina. En la campaña presidencial de 1951, “Perón-Eva Perón” es, para millones de argentinos, “la fórmula de los sueños”. En este período es llamada Evita por sus seguidores y es este el nombre que ella finalmente elige para ser recordada. Convierte su propio nombre en bandera de lucha, palabra sanadora y de consuelo. El poder del nombre está asociado a la eficacia de su palabra y sus acciones políticas. El decreto 4161 que, tras el golpe de 1955, prohíbe el uso de todos los símbolos, consignas y canciones del movimiento peronista, incluso los nombres propios de Perón y Evita, no hizo más que confirmar el poder atribuido a estas palabras y estas expresiones identitarias. 

Evita establece tres tipos de diálogos políticos fundamentales: uno íntimo con Perón, otro cercano personal, cara a cara, con sujetos individuales o grupos reducidos y también habla con las multitudes en interacciones masivas. Las identidades de los sujetos políticos se forjan en la interacción dialógica. En este marco, el carisma no es simplemente un atributo del líder. El vínculo carismático es constituido por el reconocimiento popular de esos atributos. Evita emerge, junto a Perón, como interlocutora privilegiada de los sectores populares argentinos que, durante años, no habían tenido en el Estado quién los escuche.

Durante más de setenta años se han producido diferentes interpretaciones sobre los modos de interpelación de los líderes y adhesión de las bases durante el primer peronismo. A menudo, se ha estudiado cada liderazgo por separado. En no pocos casos, se ha considerado a los peronistas como seres irracionales, ignorantes y esclavos de sus pasiones que delegan todas sus responsabilidades en los líderes y son su objeto de manipulación. Entendemos que la singularidad del liderazgo peronista radica en su carácter doble y complementario y el protagonismo activo de los sujetos populares en la producción del vínculo carismático. Uno de los fundamentos del “vínculo carismático” es la existencia de una relación directa, sin intermediarios, entre el líder y sus seguidores, atravesada por la dimensión racional, sensible y pasional. Por eso me aboqué al estudio de los diálogos masivos en tanto rituales políticos en el marco de los cuales se crea, se actualiza y se refuerza la relación de liderazgo. El afecto y la confianza mutuas son constitutivos del vínculo político entre Perón, Evita y los peronistas. Las emociones que los líderes exponen en sus discursos no sólo conmueven al público presente en los actos, sino que, además, son compartidas por él.  Esto es posible porque participan de un común horizonte de valores y se sienten próximos. 

La discusión acerca de la simetría o la complementariedad entre Eva y Juan Perón ha sido central en la historia del peronismo desde sus orígenes hasta la actualidad y ha dado lugar a dos grandes líneas interpretativas antagónicas. Si entendemos la simetría como un vínculo caracterizado por la similaridad y la competencia y, a la complementariedad, como una relación fundada en la diferencia y la mutua adecuación, interpretamos que la relación entre los liderazgos de Perón y Evita está fundada en la complementariedad y no en la simetría. Perón y Evita son diferentes, muy diferentes, no compiten entre sí. Son un equipo, el equipo de los sueños para millones de argentinos. Se complementan. Así como no se puede entender al peronismo sin considerar a los sectores populares con los que se gestó, tampoco se puede entender el liderazgo de Perón sin analizar detenidamente el liderazgo de Evita, ni el de Evita sin el de Perón.

Entre 1947 y 1952, el peronismo tiene dos liderazgos carismáticos complementarios. Son dos liderazgos sustancialmente diferentes. Él, Perón, ha sido consagrado por la movilización y por el voto popular como máxima autoridad del movimiento peronista y del estado nacional, es el jefe que argumenta y ordena, señala los objetivos y marca el camino, el maestro que enseña y aconseja y desarrolla la doctrina. Perón se aparta de los roles estereotipados de los géneros del discurso político tradicional, dialoga con los trabajadores en la plaza, manifiesta sus emociones en público (la alegría, el dolor, la ira, incluso, en ocasiones extremas, como después de los bombardeos a la Plaza de Mayo de junio de 1955, que dejan más de trescientos argentinos muertos, es un general que llora). Perón rompe los marcos institucionales admitidos y expone en el plano discursivo la voluntad de transformación social que realiza con su proyecto político. En la voz de Perón irrumpe la cultura popular en el discurso oficial y, por Perón, el pueblo vuelve a manifestarse en la Plaza de Mayo. El peronismo recupera la Plaza de Mayo como ámbito masivo de comunicación y participación política y, también, como el espacio popular de la feria y la fiesta. Perón ostenta una doble legitimidad producto del apoyo expresado en las grandes movilizaciones populares, los actos masivos en la calle y en la plaza y las amplias victorias electorales en las urnas. Ella, Evita proclama y difunde la doctrina, su palabra es preponderantemente pasional y performativa, es decir, realiza lo que dice. Despliega, por fuera de los organismos estatales habituales, una serie de roles informales, funda innovadoras organizaciones que potencian lo realizado y van más allá (la Fundación Eva Perón y el Partido Peronista Femenino). El liderazgo de Perón ya está consolidado cuando asume la presidencia, el de Evita se construye vertiginosamente a partir de ese momento. La acción de Eva Perón fortalece y profundiza la relación original entre Perón y sus seguidores. Siempre, explícitamente, se ubica subordinada al presidente, hace una permanente y sostenida exaltación de su figura y expresa su amor incondicional por él. Evita es capitana y Perón general. 

Eva Perón conquista a fuerza de trabajo su propio lugar como par complementario de Perón y sus seguidores la reconocen y la consagran ahí. Como la madre, ejerce de intermediaria entre el pueblo y Perón.  Eva ingresa al mundo político, históricamente dominado por los hombres, no masculinizándose (como han señalado varios), sino reafirmando su femineidad enmarcada en el rol de la esposa y en la maternidad simbólica. Durante el gobierno, y a través de sus políticas, el marco de protección del hogar se desplaza hacia el Estado y este desplazamiento reafirma la construcción de los líderes como padres con los roles complementarios de la pareja cuyo proyecto político se ocupa del cuidado de la nación-familia desde la concepción hasta la muerte natural de cada uno de sus miembros. Eva se configura como emblema de la maternidad; aunque no es ni será madre biológica, sino la “madre espiritual de la nación”, mediadora entre el pueblo y Perón. De esta manera, erosiona, fuerza los límites de los roles establecidos y legitima su activa participación política en un momento en que el acceso de las mujeres a la vida política estaba sumamente restringido. Es con Evita que las mujeres acceden masivamente a la participación política. La figura de Eva Perón se fija como madre de la nación y como mártir que voluntariamente se sacrifica por el bien de su pueblo.

Eva y el PPF sostienen que la condición de mujer-esposa-madre no sólo no es un obstáculo para la participación en política sino un estímulo. Así es que se promueve la participación política de las mujeres en tanto tales. Esto resulta inadmisible para algunos y descalifican a las militantes, las acusan de prostitutas, por eso la organización las protege de esas acusaciones malintencionadas, prohibiendo el ingreso de hombres a los locales del Partido Peronista Femenino. Sus acciones (diferenciadas y separadas de la organización partidaria masculina) son la ayuda social, la asistencia y la educación. Entonces, es a partir de la reivindicación y reafirmación del papel de la mujer en la familia que avanza en la politización masiva de las mujeres argentinas y habilita la participación activa, el voto y la representación femenina. Esto resulta doblemente disruptivo, al mismo tiempo, transgrede el rol pasivo/decorativo asignado a la mujer por los sectores más conservadores de la Argentina (expresados en las damas de la Sociedad de Beneficencia) y, también, los criterios sostenidos por las feministas de la época que propician la simetría, la competencia y el enfrentamiento con los varones. Este es un rasgo fundamental de la originalidad y la potencia política de Evita como líder argentina,femenina y popular.  

Evita fue y es una líder incómoda, disruptiva que nos desafía a insubordinarnos frente al pensamiento hegemónico actual. Para eso hay que ser valientes y escuchar y aprender de ella y de los argentinos más humildes por quienes entregó la vida.

**María Sofía Vassallo es Doctora en Ciencias Sociales y magíster en Análisis del Discurso (Universidad de Buenos Aires). Investigadora del Observatorio Malvinas (Universidad Nacional de Lanús), del Instituto de Investigación y Experimentación en Arte y Crítica (Universidad Nacional de las Artes) y del Instituto de Investigaciones y Documentación Histórica del Peronismo (Universidad Nacional de La Matanza).