Conferencia del Dr. Raanan Rein

El día 16 de abril de 2019, se realizó en la Universidad Nacional de la Matanza la conferencia sobre “Los muchachos peronistas judíos, árabes y japoneses” a cargo del Profesor Raanan Rein. Compartimos el desgrabado:

Presentador: El señor vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, Dr. Raanan Rein, es profesor de historia española y latinoamericana en la Universidad de Tel Aviv, Israel. Está a cargo de la cátedras “Elías Sourasky”, y de “Estudios Españoles e Iberoamericanos”, dirige el “Centro Daniel Abraham de Estudios Internacionales y Regionales” en dicha universidad, así como la revista de estudios interdisciplinarios de dicha universidad “América Latina y el Caribe”. Es miembro correspondiente en Israel de la Academia Nacional de la Historia de la Argentina. El gobierno argentino lo nombró comentador en la orden del Libertador San Martín por su aporte a la cultura nacional. El Estado Español le otorgó el título de comentador en la Orden del Mérito Civil, la Universidad de La Plata le otorgó el título de Huésped de Honor Extraordinario. En marzo del 2017 la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo declaró Huésped de Honor, fue otorgado, también, el Sello del Bicentenario, por el Ente del Bicentenario en Tucumán. En mayo de 2017 Rein recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Martín en Argentina. Ha publicado muchos libros y numerosos artículos académicos y periodísticos sobre temas relacionados con la historia contemporánea de Argentina, España e Israel. Sus libros sobre el peronismo han provocado mucho interés en la Argentina y fuera de la misma. El Dr. Rein ha ganado becas y distinciones de las fundaciones: Humboldt, Thyssen, Rothschild, Wolf, Row Wollenberg, de la Universidad de Maryland de Estados Unidos y de otras Instituciones en distintos países. A continuación, tiene su palabra para comenzar con la Conferencia Magistral.

Raanan Rein: Bueno, buenas tardes. La verdad es que estoy muy emocionado y agradecido por este Acto, por este honor, por poder estar aquí con ustedes en la Universidad Nacional de La Matanza. Como ustedes pueden imaginar, trabajar sobre la historia argentina en Israel y desde Israel no es una tarea fácil. Uno está lejos de los centros de documentación, los archivos, las bibliotecas, y las discusiones intelectuales y académicas relevantes que se desarrollan aquí en la Argentina. Por lo tanto, el reconocimiento que me ofrecen con este Título Honorario es de suma importancia para mí, y lo agradezco de todo corazón. Viniendo de una universidad como la Universidad de Tel Aviv, que es una universidad pública, me es de especial honor y placer recibir este reconocimiento de la Universidad Nacional de La Matanza, con la que comparto la visión, los valores, la excelencia en la investigación y en el acceso a la educación superior. También por una primera generación de estudiantes, así que este gesto tiene para mí un valor adicional, aparte de lo académico.

Trabajar sobre temas como el peronismo tampoco es una tarea fácil, y ya no importa donde uno vive y enseña. Aunque he trabajado sobre otras temáticas también, y otros aspectos de la historia política, social y cultural de la Argentina del siglo pasado, del siglo XX, el peronismo sigue siendo el eje principal de mis investigaciones, de mi empresa académica. Y aquí radica, quizás, una de las posibles ventajas de un historiador que se siente argentino en muchos sentidos, es decir un insider, pero que es, principalmente, un observador extranjero, es decir, un outsider que no participa ni activa ni pasivamente en la política argentina, no vota en las elecciones, nunca se va a afiliar en ningún Partido Político aquí, ni formal ni informalmente, así que esta condición de insider y outsider a la vez me ha dejado la posibilidad de analizar el peronismo con sus luces y sombras, sin caer en algunas de las trampas del uso y del abuso del pasado, en clave del presente.

En esta breve Conferencia me gustaría referirme a las nuevas políticas de reconocimiento y pertinencia elaboradas por el primer peronismo hacia distintos grupos de inmigrantes no europeos y/o no blancos, y/o no cristianos. La década peronista, que va del ’46 al ’55 introdujo cambios profundos en los significados y los contornos de la ciudadanía en la Argentina. Las acciones gubernamentales contribuyeron a que se ampliase un debate sobre la comprensión y la conceptualización de la ciudadanía. En aquellos años Argentina experimentaba transformaciones en la representación política, y en forma simultánea, en el desplazamiento gradual hacia un modelo de democracia participativa, procesos que constituyeron un paso importante hacia lo que hoy llamaríamos una “sociedad multicultural”. En este sentido, para mí, el primer peronismo ofrece un modelo para 08:50, sobre todo en este mundo nuestro caracterizado por la intolerancia hacia distintos grupos minoritarios, hacia distintas colectividades. Las identidades étnicas pasaron a ser menos amenazantes al concepto de la argentinidad. En lugar del tradicional crisol de razas, el gobierno de Perón otorgó una creciente legitimidad a las identidades híbridas. Además, puso énfasis en la amplia variedad de matrices culturales sobre las que se cimentaba la sociedad argentina. De este modo las autoridades concibieron un reconocimiento sin precedentes a las diferencias culturales y étnicas.

Mis investigaciones intentan examinar a los esfuerzos del peronismo para agudizar apoyos entre argentinos de origen semita, fueran estos judíos, menonitas, ortodoxos, rusos o musulmanes, y de origen asiático oriental, sobre todos los inmigrantes japoneses. Estos esfuerzos reflejaban la transformación de un líder, Perón, que originalmente había visto la Argentina como un país esencialmente católico. Es decir, una vez que entra en la casa rosada todavía mantiene la visión tradicional acerca de la Argentina Católica. Sin embargo, vemos una evolución en su pensamiento hacia una visión más inclusiva de una sociedad multirreligiosa. Entonces lo que vemos es una evolución hacia una visión más inclusiva, de una sociedad multirreligiosa y multicultural, que debía abarcar y celebrar dicha diversidad. 

Como movimiento populista, y aquí podemos entrar en una discusión si éste es un concepto más elegante para analizar el peronismo… De todos modos, como movimiento populista el peronismo se caracterizó con una postura antiliberal. De manera interesante, precisamente esto permitía al peronismo desafiar las ideas tradicionales sobre el crisol racial argentino. Surgieron así puntos de vista y enfoques novedosos que ampliaban el significado de la política y de la ciudadanía por igual. Entonces, ¿Qué cambios efectuó el peronismo en la relación entre etnicidad, ciudadanía, argentinidad y el Estado? Una respuesta simple es que: 

  1. El peronismo fue más allá de los derechos legales otorgados a las colectividades de inmigrantes como ciudadanos argentinos, y también les ofreció derechos políticos.
  2.  Legitimó el deseo que muchos de ellos tenían de ostentar una identidad híbrida. Durante el primer peronismo se notaba el impulso al asociacionismo civil, y a la vez la representación política comenzaba a adquirir un matriz corporativo bajo la visión de la llamada “Comunidad Organizada”.

Perón confirió al Estado un papel mediador entre distintos sectores o grupos de interés sociales, económicas y profesional. Todos ustedes conocen los distintos poderosos grupos organizados como la CGT, la CGE, la CGP, la CGU, la UES, etc. Hay una lista de algunos aquí sobre la pantalla, y de hecho hace algunos meses hemos publicado con la Universidad de La Matanza un libro que es una compilación de distintos artículos, distintos ensayos, sobre el rol, el papel de cada uno de estos organismos, de estos grupos en la sociedad argentina en aquellos años.

Sin embargo, lo que quiero destacar es que también se dio en conocimiento a las distintas comunidades étnicas. Perón, a menudo, dialogaba con los líderes de las asociaciones judías, árabes, italianas, japonesas, etc. De este modo reconfiguraba los criterios de pertenencia a la comunidad política aquí en Argentina, y al mismo tiempo abrió las puertas a la Argentina contemporánea multicultural. En ese sentido, le debemos mucho al primer peronismo. 

Este concepto de ciudadanía corporativa implicaba un creciente reconocimiento de los derechos colectivos. Tal reconocimiento se hizo evidente en la integración de argentinos de ascendencia judía, oriental, japonesa, etc. En menor medida, y es un tema aparte que no voy a contar ahora, a los movimientos indígenas más activos, y movimientos de género. El régimen peronista alentó a los inmigrantes y sus descendientes nacidos en Argentina para que mantengan sus lazos con sus países de origen. En sí, el peronismo representó un cambio inicial en la política del reconocimiento, como en las políticas de las identidades colectivas y grupales. Y no sólo en la política en torno a la justicia social.

A principios de la década del ’50 el movimiento peronista había adoptado un foco más incluyente y comenzó a mostrar respeto por todas las religiones como un rasgo propio. En la esfera religiosa la ambición peronista se ocupó de proteger los derechos de las minorías, y entre otras, también las minorías religiosas. Hay un libro, un texto escolar para segundo grado, publicado en el año 1953, que incluye un diálogo entre dos niñas, una de origen judío, otra no. Beatriz, la no judía, dice que en las fiestas el colegio va a hacer una cosa y otra, y Esther dice: “sí, pero nosotros vamos a faltar ese día porque es una fiesta judía”. Entonces, dice Beatriz: “No importa, en la nueva Argentina de Perón y Evita hay lugar para todos, católicos y no católicos por igual”. Es un mensaje muy muy importante.

El peronismo se presentó como un conglomerado en el que existía lugar para cada argentino decente que apoyaba al proyecto justicialista, no importa de qué origen. Para darles un ejemplo del cambio o la evolución en la política argentina en aquellos años, voy a referirme a los argentinos de origen japonés. En los años ’46 y ’47 hay un intento de bautizar a los inmigrantes japoneses, y así facilitar su integración en la sociedad argentina. Eso dura muy poco tiempo, ya a partir del año ’48 en adelante la política del gobierno argentino es distinta. Acepta las tradiciones, las idiosincrasias de cada grupo étnico, de cada grupo de inmigrantes, y no ve ninguna contradicción entre sus identidades étnicas y su lealtad a la patria, su patriotismo argentino. En ese sentido vemos una nueva actitud hacia los grupos étnicos, no solamente hacia los inmigrantes europeos. Aun cuando seguían utilizando la terminología del crisol de razas, las autoridades peronistas le dieron sentido más incluyente. 

Si la Constitución de 1853 y su artículo 25 se refería a la necesidad de promover la inmigración europea, un panfleto del gobierno peronista buscaba traer inmigrantes de todo el mundo, y dice: “en el puerto de Buenos Aires damos la bienvenida”, y cito: “a hombres de razas amarilla, negra y blanca”. Es interesante. Hace unos años participé en un debate sobre las relaciones entre Perón, el peronismo, y la colectividad judeo-argentina. Y mucha gente que estaba presente en este evento se quedó muy sorprendida por los argumentos que presenté en aquella oportunidad. Parecía que en la mente de mucha gente estaba grabada aún la propaganda electoral de la Unión Democrática de fines del año ’45, y principios del ’46, según la cual Perón era nazi-fascista. El régimen que estableció Perón después de su triunfo electoral era, supuestamente, antisemita, y por lo tanto los argentinos de origen judío debían ser, necesariamente, hostiles al Justicialismo. Estos mitos están bien arraigados en la conciencia colectiva de amplios sectores de la sociedad argentina, y son precisamente estos mitos a los que yo vine a desafiar. En forma telegráfica, por falta de tiempo, voy a mencionar los argumentos que incluyo en el libro “Los muchachos peronistas judíos”. 

Primero, que Perón no era nazi. Esta imputación está basada, fundamentalmente, en la política de neutralidad durante la segunda guerra mundial. De distintos presidentes, cuatro presidentes argentinos, y me parece que la acusación de que se trataba de una neutralidad ” pro-Eje”, es falsa, de hecho, la neutralidad argentina sirvió, en muchos sentidos, los intereses de los ingleses que necesitaban los envíos de carne y trigo que venían de la Argentina para poder sobrevivir frente a los ataques alemanes.

Después digo que Perón no era fascista, es cierto que pasó algún tiempo en Italia a fines de los años ’30 para especializarse en alpinismo, pero no es que durante esta estadía estaba relacionado con los jerarcas del régimen fascista. Casi no llegó a Roma, y la idea de que allí él elaboró su doctrina peronista parece, por lo menos, problemática, sino es más que eso. La doctrina peronista es el resultado de distintas influencias político-ideológicas que trajeron con ellos distintas personas que vinieron del socialismo, del radicalismo, del catolicísimo social, del nacionalismo, etc. 

Perón no era antisemita. Si uno lee los numerosos discursos de Perón en contra del antisemitismo durante los dos primeros gobiernos o presidencias, se da cuenta de inmediato de que ningún otro presidente, antes de la llegada de Perón al poder, expresaba de forma tan clara, tajante y contundente, su rechazo a la discriminación contra los judíos. Lo mismo vale también para Eva Perón, que en sus discursos reprodujo, repitió, las mismas ideas. De hecho, Evita intentaba plantear la tesis de que, de hecho, era la oligarquía la que mantenía actitudes antisemitas, pero no el peronismo. No es que solamente Perón y Evita no eran antisemitas, el gobierno, el régimen peronista, tampoco fue antisemita. Quiero decir en forma muy clara que durante la década peronista se registraron menos incidentes antisemitas que en cualquier otro gobierno del siglo XX en Argentina. Antes y después de Perón muchos judíos estaban en contra del peronismo, si pertenecían clase media, por su apoyo al Partido Socialista, o la Unión Cívica Radical, o porque Perón era militar, o por otras razones. Pero muchos otros argentinos de origen judío sí apoyaban al peronismo, en seguida voy a darles algunos ejemplos.

Otro tema que enfatizo en el libro tiene que ver con el rol jugado por la Organización Israelita Argentina, la famosa OIA, que de hecho fue la sección judía del Partido Peronista. No hubo una sección clara del Partido Peronista, pero sí hubo un intento en el año ’55 de establecer una sección japonesa del Partido, pero esta iniciativa no prosperó por la Revolución Libertadora de septiembre de 1955. En algunos textos algunos autores tienden a pintar a los dirigentes de la OIA como oportunistas, nada más que estaban buscando un protagonismo. Sin embargo, lo que vemos es que muchos 24:42. Muchos lo hicieron por identificarse con el concepto de Justicia Social, o por las políticas económicas y sociales del peronismo, o por querer respaldar y formar parte de un movimiento que tenía un apoyo mayoritario en la sociedad argentina. El vínculo del gobierno nacional con el Estado de Israel siempre revestía importancia para muchos de los argentinos judíos. En el caso de Perón, y a veces hay que recordarlo a los colegas nuestros, las relaciones entre el gobierno argentino y el nuevo Estado judío fueron excelentes. Si bien la Argentina se abstuvo en la votación en la ONU en noviembre de 1947 sobre la partición de Palestina y el establecimiento y la creación del Estado de Israel, pocos meses después fue el primer país latinoamericano en establecer una embajada en Tel Aviv, y el primer país latinoamericano en firmar un acuerdo comercial de importancia con el nuevo Estado. Importancia más para el Estado de Israel, que para la Argentina. De hecho, una de las mejores décadas de las relaciones bilaterales fue, precisamente, bajo la presidencia de Perón. 

Sin embargo, parece que estos hechos son muy poco conocidos, y esta ausencia tiene que ver con el intento que han hecho las instituciones judías para borrar de la memoria colectiva este tipo de relaciones, y el apoyo brindado por muchos argentinos judíos al Movimiento Justicialista. Y aquí hay una cosa que me parece de suma importancia aclarar: los judíos en este país, al igual que los judíos en Brasil, al igual que los judíos en los Estados Unidos, en su mayoría, nunca se han afiliado a las instituciones comunitarias. Eso significa que, si uno intenta estudiar las experiencias judías en este país, nada más a través de las declaraciones y documentos de las instituciones judías, va a tener una perspectiva muy estrecha, una perspectiva importante, pero es una perspectiva muy estrecha. Para conocer las experiencias judías en este país, de distintos judíos, hay que buscar, también, o hay que escuchar también, las voces de muchísimos judíos no afiliados a las instituciones comunitarias. 

Aquí lo que quiero mencionar son algunos discursos de dirigentes de la OIA, y de los de Perón. En la inauguración de la sede de la OIA, en agosto de 1948, su presidente Sujer Matrajt dijo: “Perón no es sólo el celoso gestor de nuestra soberanía política, sino también un gobernante, que en un mundo dominado por las intolerancias…” -Parece que está hablando de hoy en día, también, ¿No? – “supo levantar en la Argentina la antorcha de la consideración y el respeto hacia todas las colectividades que integran la nación, alejando de esta tierra el fantasma de la persecución y la intolerancia”. Perón, por su parte, manifestó en este acto, y vuelvo a citar: “¿Cómo podría aceptarse, como podría explicarse que hubiera antisemitismo en la Argentina? En la Argentina no debe haber más que una clase de hombres: hombres que trabajen por el bien nacional sin distinciones. Por esta razón, mientras yo sea presidente de la República, nadie perseguirá a nadie”. Y Evita en distintos discursos repite estos conceptos, no voy a citar por falta de tiempo.

La mayoría de los dirigentes de la OIA pertenecía a la primera generación de inmigrantes judíos de la Europa Oriental. Algunos estaban muy involucrados con la colectividad, el sionismo, el Estado de Israel, pero su identidad era de argentinos-judíos. Es decir, ante todo argentinos, con un componente identitario judío. Abogaban por la integración social de los judíos a través del peronismo, sin renunciar a los componentes judío y sionista de su identidad. En su mayoría siguieron siendo leales a Perón y al Movimiento Justicialista. También después de caer Perón, lo que constituye una prueba adicional de que su relación con el Justicialismo no fue mero oportunismo. Muchos pagaron un alto precio por dar su apoyo al peronismo durante la Revolución Libertadora.

Aquí en la pantalla vemos a Pablo Manguel, el dirigente principal de la OIA, y también el primer embajador argentino en Israel. Es un tema muy interesante, que vale la pena enfatizar. A diferencia de otros países, por lo menos en aquellos años, Perón decide enviar como primer embajador a Israel a un argentino de origen de origen judío. No tenía miedo de que este argentino-judío podía tener una doble identidad, doble lealtad, o una tontería de este tipo. Cuando la Argentina establece las primeras relaciones diplomáticas con las nuevas repúblicas de Siria y el Líbano, Perón envía como embajadores de Siria y el Líbano a argentinos de origen árabe. No tenía ningún miedo de una doble identidad, doble lealtad, o cuestiones de este tipo. Y a la embajada argentina en Tokio manda a un argentino de origen japonés. A uno de los hermanos Gayu 31:32, uno era diputado nacional en el ’55, y el otro diplomático argentino en la embajada en Tokio. 

Aquí lo vemos a Pablo Manguel, en una conversación con el primer presidente del Estado de Israel Jaim Azriel Weizmann. 

También gente de la colectividad organizada de las instituciones judías, por lo menos alguna gente se identificó con el Partido Peronista, o Justicialista. Muy poca gente sabe, por ejemplo, que el presidente de la DAIA, Ricardo Dubrovsky, llegó a afiliarse al Partido Peronista, que, prácticamente, toda la dirigencia del Hospital Israelita apoyaba al gobierno peronista, y puedo mencionar otros ejemplos. Acá lo que ven es el apoyo de distintas figuras al peronismo, este es Luis Elías Sojit. Algunos se acuerdan del popular conductor de programas deportivos, la frase, la expresión, “Un día como hoy, es un día peronista” viene de Luis Elías Sojit, un argentino judío, el apellido original era distinto, se llamaba Shoijet, pero se hizo Sojit aquí.

La columna vertebral del peronismo eran los sindicatos, y distintos dirigentes judíos eran del movimiento trabajador. Este mito de que todos los judíos siempre han sido ricos… no. Distintos dirigentes judíos del movimiento trabajador no solamente se identificaban con el naciente movimiento, sino también tuvieron un papel importante en la movilización del apoyo para el peronismo. Ángel Perelman, fundador en 1943, y primer Secretario General, de la Unión Obrera Metalúrgica. Aquí al lado hay un experto mayor que yo, que puede contarles acerca de su rol en las manifestaciones del 17 de octubre de 1945. 

Un aporte similar le correspondía a Ángel Yampolsky, Secretario General del Sindicato Autónomo del Frigorífico La Negra de Avellaneda, y uno de los fundadores del Partido Laborista -muy poca gente sabe que uno de los fundadores del Partido Laborista fue un argentino judío-.

Rafael Kogan, uno de los fundadores de la Unión Ferroviaria, y su Secretario Gerente durante más de veinticinco años, hay que darle mucho crédito por el apoyo que éste importante gremio, la Unión Ferroviaria, le brindaba a Perón. Abraham Krislavin, que llegó a ser subsecretario en el Ministerio del Interior. David Diskin, también él del Sindicato de Empleados del Comercio. Hay una larga lista de dirigentes argentinos judíos del movimiento obrero que apoyaban al peronismo.

También, si hablamos de los empresarios nacionales, tenemos que mencionar a varios argentinos judíos, y el nombre más conocido, obviamente, es el nombre de Gelbard, que todos ustedes conocen. Éste fue el caso de una trayectoria impresionante, que empezó en los ramos de la industria textil y vestido, juegos, muebles, alimentos, y otros productos de consumo.  Así creció la familia Gelbard en su trayectoria económica en la provincia de Catamarca, donde esta tienda se llamaba “La casa de New York”. No puedo ahondar en el rol de Gelbard, sobre todo en la tercera presidencia de Perón, pero bueno, luego de él, en la CGE, en la Confederación General Económica, hubo también otros empresarios argentinos judíos, como Julio Broner, Israel Dujovne, y muchos otros. 

Hablando de gente de negocios y su apoyo al peronismo voy a mencionar también al magnate de los medios de comunicación, Jaime Yankelevich. Su apoyo al peronismo, otra vez no puedo ahondar en este tema, pero es una figura clave en la historia de la radio y la televisión en la Argentina. La televisión aquí empezó, precisamente, en el Día de la Lealtad de octubre de 1951. Es notable, también, el apoyo brindado por intelectuales argentinos judíos al peronismo, aquí tienen la figura más importante, en este sentido, a César Tiempo. César Tiempo dirigió, entre otras cosas, el equipo editorial del suplemento cultural del diario La Prensa una vez que el gobierno peronista lo expropia y lo pone en manos de la CGT. Entonces el suplemento cultural de la prensa cegetista está conducido por un grupo de intelectuales, casi todos, argentinos judíos. César Tiempo, Bernardo Ezequiel Koremblit, León Benarós, Julia Prilutzky, y puedo seguir con otros nombres. Pero lo que sí quiero destacar es lo siguiente. En su corta vida, desde 1952 hasta 1955, la prensa cegetista publicó a más autores argentinos de origen judío que el diario La Nación en 50 años. Nadie lo sabe, es increíble, ¿No?

Entre otros intelectuales judíos que mostraban simpatías hacia el peronismo puedo mencionar a Leonardo Kordon, o a Fernando Valentín, autor de “El día de octubre”, una de las pocas novelas escritas sobre el 38:04 profundo del 17 de octubre del ’45. Hubiera podido mencionar, también, a Amram Blum, el consejero espiritual de Perón, el rabino importante de la Comunidad Judía acá. Pero voy a mencionar sí un gesto, quizás el gesto más notable que hizo el gobierno peronista hacia el Estado de Israel, aparte del acuerdo comercial bilateral, estos fueron los envíos de ropa y medicamentos a los campos de nuevos inmigrantes en el Estado Judío, a través de la Fundación Eva Perón. En su visita a la Argentina en abril de 1951 la ministra israelí del Trabajo, Golda Meir, agradeció a Evita personalmente las donaciones enviadas por la Fundación. En esta foto ven a Yitzjak Navón, que luego sería el quinto presidente del Estado de Israel, recibiendo las cajas enviadas por la Fundación Eva Perón en el puerto de Haifa. 

Así que me parece que, a esta altura, ya entienden que no se puede seguir manejando con este mito de un Perón antisemita, y de una hostilidad de todos los argentinos de origen judío hacia el Justicialismo. La colectividad judía sí estaba dividida, como la sociedad argentina en su totalidad, ¿No? Hubo peronistas y antiperonistas, por una razón y otra razón. Ninguna colectividad es homogénea, siempre existe una polifonía de voces. No importa si se trata de un tema político, social, económico, cultural. Hay algunos que están a favor, otros que están en contra, cada uno con sus razones. Durante la segunda mitad del siglo XX el papel de los argentinos árabes en la política tomó mucha significancia. Tanto en los niveles municipales como provinciales y nacionales. El apogeo de este proceso de inclusión política fue la elección de Carlos Saúl Menem en la presidencia en 1989. Durante la década que este riojano con raíces sirias gobernó, los ciudadanos de orígenes árabes ejercieron una injerencia destacada en el sistema político argentino. 

Volviendo al primer peronismo, ya en aquella época se notaba el protagonismo que tuvieron los descendientes de sirios libaneses en importantes campos políticos. Uno de los periódicos árabes en la Argentina, “Azzaman (La Época). Órgano Libanes”, tituló con orgullo su portada del mes de abril de 1946 de la siguiente manera: “Un vicegobernador, un senador y cinco diputados en el nuevo período constitucional de la República pertenecen a nuestra colectividad. El vicegobernador era de Córdoba, Ramón Asís, el Senador Vicente Saadi de Catamarca, y los diputados incluían a Leonardo Obeid de Córdoba, Rosendo Allub (Santiago del Estero), Teófilo Naim (Buenos Aires) y Cayetano Marón, también de Buenos Aires. Dos años después, en 1948 – a mí los datos me parecen impactantes- de 200 diputados peronistas en el Congreso de la Nación 25 eran descendientes de inmigrantes árabes. Un porcentaje bien importante, ¿No? Y cuando cayó Perón en septiembre de 1955 había 12 diputados argentinos árabes. En el caso de los argentinos judíos, estamos hablando de 23 diputados nacionales si no me equivoco, en el caso de japoneses, como dije, uno solo en el año 1955. 

Lo que caracterizó a todos estos políticos fue su accionar en el ámbito provincial, su patria chica, y aquí radica una diferencia con la colectividad judía, que en su vasta mayoría está concentrada en la Ciudad de Buenos Aires, y la colectividad árabe ha sido dispersa a lo largo y lo ancho de la República Argentina. Entonces estos políticos se destacaban en su accionar en el ámbito provincial, y su pertenencia al Partido Peronista, o después a partidos neoperonistas. 

Uno de los más destacados fue Vicente Leónidas Saadi, hijo de inmigrantes libaneses que se asentaron en la Provincia de Catamarca a comienzos del siglo XX. Como parte del Movimiento Peronista la familia Saadi controló la política local durante casi cinco decenios. 

Un caso similar es el de Felipe Sapag, en la Provincia de Neuquén. Los Sapag dominaron la escena desde que el territorio neuquino fue promovido a la condición de provincia hasta la segunda década de nuestro siglo. Sobre todo, mediante el partido neoperonista, que fundaron el Movimiento Popular Neuquino (MPN). 

Un tercer caso de caudillaje provincial con ancestros árabes es el del gobernador de la provincia de Corrientes, Julio Romero, cuya familia era originaria de la localidad libanesa de Baalbek. Considerado uno de los promotores más cercanos a Perón, su familia, los Romero Feris, ejecutaron su legado, aunque no desde el Partido Justicialista, sino desde el Partido Autonomista Liberal (PAL) que apoyó, entre otras cosas, el gobierno de Menem.

Estos tres casos demuestran la importancia de este grupo étnico en la política argentina, en especial dentro del movimiento peronista. No digo que este proceso inicia con el peronismo. Hay argentinos árabes que empiezan a integrarse a la política argentina ya en el período de Yrigoyen, en la segunda presidencia de Yrigoyen. Sin embargo, este fenómeno crece en forma dramática durante la década peronista. El peronismo con su política integradora de distintos grupos sociales estableció una nueva jerarquía simbólica en la sociedad, y eso tiene mucha importancia, y muchos de los investigadores, cuando hablaban de los beneficios de la nueva política en la Argentina prestaron atención, sobre todo, a distritos sociales, y no a los grupos de inmigrantes. Yo intento llenar, un poco, este vacío.
 

En sus discursos Perón y Evita siempre enfatizan en la capacidad de adaptación de los inmigrantes libaneses orientales, pero siempre sin negar su lugar étnico. Es decir, en destacar esta capacidad de adaptación a las costumbres locales argentinas, que no se contradecía con la convertibilidad de mantener otras tradiciones traídas de los países de origen. Son discursos que no voy a citar ahora, y lo que intento describir no es una política específica hacia una sola colectividad de inmigrantes, sino a distintas colectividades de inmigrantes: judíos, árabes, japoneses, entre otros. Por ejemplo, en el discurso a la Asociación Japonesa Perón, deja claro que también los japoneses eran parte integral del pueblo argentino. “Cuando decimos: “todo el pueblo argentino”, tenemos la inmensa satisfacción de comprender a todos los japoneses que viven con nosotros, como integrantes absolutos de este pueblo argentino, por quien luchamos y trabajamos.”

Muchas gracias.